Cuaderno de campo

La traducción, día a día

ENETI, Granada, marzo 2013

by Alicia Martorell on 02/04/2013

LogoSupongo que estas semanas habrá muchas reseñas del «ENETI – X Encuentro Nacional de Estudiantes de Traducción e Interpretación 2013», que acaba de tener lugar en Granada. No voy a entrar a contar lo que ha pasado durante estos dos días, eso se lo dejo a los protagonistas y supongo que numerosos blogs relatarán, para los que estuvieron y para los que no, cada uno de los detalles.

Sí quiero decir que para un traductor profesional es un orgullo ver cómo un puñado de estudiantes han conseguido organizar un congreso tan complejo (a pesar de que han contado con una ayuda institucional realmente pequeña) en el que absolutamente todo ha funcionado como un reloj: el abanico tan amplio de temas y ponentes, la intervención mínima y discreta de los organizadores, que hacía que los horarios se respetasen, que las más de 400 personas se colocaran rápidamente en su sitio, que el relevo de un ponente a otro fuera fluido y agradable, que los medios técnicos respondieran.

Hasta las puestas de sol con la Alhambra de fondo, desde la inmensa cristalera que cerraba el escenario, obedecían como si las hubieran encendido con el mando a distancia.

Las asociaciones de traductores necesitamos rabiosamente gente así, que sea capaz de organizar, de promover, de responsabilizarse, de trabajar por el futuro de la profesión. Espero de verdad que, una vez cerrada la etapa estudiantil y abierta la profesional, podamos trabajar codo a codo con los «camisetas azules» que han desplegado tanta eficacia y con todos los que se quieran subir a este carro del que tenemos que tirar entre todos.

También quiero decir que me llena de emoción ver que, ya antes de terminar la carrera, un número insólito de estudiantes de traducción, llegados de todas partes por sus propios medios, reivindican el orgullo de su profesión. Después de casi veinte años formando traductores, si hay algo que echo de menos es ese grito: queremos ser traductores, estamos aquí, estamos encantados del futuro que hemos elegido.

Porque además, en ningún momento se ha hablado de la crisis y de lo mal que está todo: cada una de las intervenciones, no solo las de los ponentes, sino también las preguntas en los debates, iba dirigida a abrir caminos, a saber cómo hacerlo posible, a hacer añicos la falacia de que «no se puede vivir de la traducción», que «hay que trabajar al mismo tiempo en otra cosa», que «esto está muy mal», a acabar con ese virus maligno que desgraciadamente infecta a tantos estudiantes de traducción.

Porque hay que decirlo muy alto: somos afortunados, tenemos una profesión que nos da de comer y nos hace crecer todos los días, una profesión de privilegiados, y más en estos momentos que son tan difíciles para todo el mundo.

Cuando lleguéis, os estaremos esperando, contad con nosotros y bienvenidos.

 

La de antes era coña, este es el “staff” en su versión más natural. :D

 

Y aquí, todas las fotos (no os perdáis el vídeo de la instalación)

 

Y aquí algunas reseñas:

Traducarte

Mundo de enfermos

Comes to translate

4visionsmanager

Midnight in translation

Jugando a traducir

Translation, interpreting and other linguistics matters

Traducir a Rabelais

by Alicia Martorell on 01/04/2013

Portada Gargantúa y PantagruelEl 21 de marzo asistí en la Fundación Francisco Ayala de Granada a una conferencia dentro del ciclo Qualis avis, talis cantus, organizado en colaboración con ACE Traductores, en el que los traductores que han recibido el premio Esther Benítez presentan su trabajo en forma de seminario, ante un público restringido.

Gabriel Hormaechea presentó su traducción de Gargantúa y Pantagruel (en realidad, el volumen incluye las cinco obras que componen el ciclo) que, no solo ha recibido el premio Esther Benítez, sino también el premio Ángel Crespo, y explicó los planteamientos teóricos de los que había partido y la manera en que había enfocado su complejo trabajo.

La obra es tan rica que dio para un repaso de todo el catálogo de técnicas traductológicas. Quizá la traductología debería ser eso: que un traductor explique cómo lo hace y por qué lo hace así.

En este artículo, Gabriel Hormaechea se explaya sobre la mayor parte de los temas que se tocaron en el taller. Merece la pena leerlo con detalle y ver cómo una imaginación desbordante y un trabajo riguroso pueden hacer retroceder el concepto de intraducibilidad hasta que quede fuera de plano. Es curioso comprobar, salvando las distancias, cómo se parecen el trabajo de un traductor literario y el de uno especializado cuando se trata de ir al corazón de los problemas.

Y, sobre todo, merece la pena leer la traducción.

Todavía quedan tres sesiones del ciclo: el 11 de abril Daniel Najmías presentará su traducción de París, Francia, de Gertrude Stein, el 16 de mayo Dolors Udina presentará su traducción de Diari d’un mal any, de Maxwell Coetzee, y el 27 de junio Isabel Ferrer y Carlos Milla presentarán su traducción de La gran marcha, de E. L. Doctorow. Es necesaria inscripción previa.

El vestido y la moda

by Alicia Martorell on 25/02/2013

 

2013-02-24 14.24.46Es una pena venir aquí con un libro que está agotado hace años, y sin esperanzas de reedición, pero es que me gusta tanto…

Mi ejemplar lo compré en el Pryca, que ya parece raro, pero yo voy husmeando por todas partes. Fue un amor a primera vista, tanto que casi me olvido de la compra. Me costó 3.280 pesetas (todavía tiene la etiqueta: por un momento pensé que eran 32,80 euros, pero es imposible porque la marca Pryca desapareció en 2000).

Está organizado como un diccionario, pero de una forma muy curiosa: se reserva una banda de papel, del lado exterior de la página, para unos dibujos ilustrativos de la autora que, como se suele decir, valen más que mil palabras.

Lo mismo vale para encontrar datos históricos, distinguir entre 12 modelos de puños o hacer el nudo de la corbata; explica tipos de telas, prendas de vestir medievales castellanas o las partes de que se compone un traje de luces. Además, que es lo que nos importa en el fondo a nosotros, usa palabras muy precisas, da el lugar que les corresponde a los extranjerismos, pero ni un poco más, y se nota que debajo hay una investigación de muchísimo calado sobre terminología profesional en castellano. Todo ello en 384 maravillosas páginas que no te cansas de marear, incluso aunque no tengas nada sobre moda para traducir.

La edición es impecable y el papel, buenísimo (el libro pesa el doble de lo que le calculas a ojo). La portada, de sencilla cartulina verjurada, lleva un sello en seco que da relieve a la forma de la aguja. Vamos, una exquisitez.

Es uno de esos libros de referencia que te dejan perplejo por la cantidad, la calidad y la variedad de la información. No sé qué habría hecho sin él. Así que, si alguien lo encuentra en un librero de viejo, que no repare en gastos.

Buscando información (con poquísimo éxito) sobre la autora, Maribel Bandrés Oto, encontré esta otra reseña de José Antonio Millán.

Un par de botones de muestra:

2013-02-21 17.31.19Cuellos

 

Maribel Bandrés Oto, El vestido y la moda, Barcelona, Larousse, 1998

Viajando desde casa

by Alicia Martorell on 21/02/2013

imageMuchas veces nos encontramos con textos que no somos capaces de interpretar, porque nos falta el aspecto visual: la descripción de una plaza, de un puerto, el aspecto de un puente o de una fachada. Otras veces nos falta ambientación: traducir en seco un texto sobre los colores de la taiga es seguramente posible, pero si podemos hacernos una idea más precisa del lugar del que estamos hablando, todo resulta infinitamente más fácil.

Actualmente hay muchas páginas en las que documentarnos sobre el aspecto real de un lugar o de una zona.

Lo más obvio es Google Street View: ¿Qué aspecto tiene el Prospect Shopping Center de  Hartford, Connecticut? ¿Cómo se siente uno circulando por la Trans-Canada Highway? ¿De qué color es la fachada del número 30 de la Rue Jacob?

También podemos recurrir a páginas de fotografías geolocalizadas como Panoramio para buscar un monumento concreto, un parque, una cala. El número de fotos es tan impresionante que fácilmente podremos contemplar lugares a los que no ha llegado GSV, por ejemplo, las playas de Kommetjie, en Sudáfrica.

En Cronicae tenemos, además de la referencia espacial, una referencia temporal: las fotografías están fechadas, lo que nos permiten comprobar el estado de un lugar en un momento dado. No obstante, al ser una página española, fuera de España no hay demasiadas fotografías disponibles.

Flickr también es una buena opción y nos permite encontrar una masa importante de fotos sobre un mismo lugar. Por ejemplo, aquí tenemos 7.000 imágenes (que seguramente luego serán menos) sobre el Palacio de la Magdalena en Santander.

Finalmente, Google Imágenes reúne todas estas opciones, siempre que contemos con las palabras clave idóneas para que la búsqueda no traiga demasiado ruido. Por ejemplo, es el único lugar donde pude ver imágenes de los campos de concentración de Argelès en 1939.

Muchas veces, el recurso a las imágenes es indispensable, bien porque no entendemos bien una descripción, bien sencillamente porque queremos partir de la imagen y no solo del texto original para nuestra composición.

Otras veces no es indispensable, pero nos sirve para anclar nuestro texto en la realidad. No es lo mismo traducir un informe sobre un programa de ayuda si previamente hemos visto, aunque sea fugazmente, imágenes del lugar de Chad o de Camerún al que va destinado: el color, los animales, el tipo de vegetación, la gente trabajando… Cualquier cosa que sirva para ayudarnos a comprender que lo que traducimos no son solo papeles.

Banal o trivial

by Alicia Martorell on 15/02/2013

La banalización existe, pese que el diccionario de la Academia todavía en 1956 no recogía la palabra. Lo banal no es solo lo común o trivial. Banal es algo que tiene apariencia de serio o importante y producto de un pensar profundo, y que sin embargo no es este profundo pensar. Banalizar es dar a un tema inquietante, a un tema difícil, a un tema profundo, una solución rápida, vulgar y corriente. Ver los temas por el lado menos difícil y más aceptado.

imageDecía estas palabras Julio Caro Baroja en una conferencia sobre «La interpretación antropológica» pronunciada el 7 de mayo de 1981 en la Fundación Juan March y que, por obra de una poderosa magia contemporánea, podemos escuchar aquí.

Actualmente ya tenemos en el DRAE una entrada «Banal: Trivial, común, insustancial», con su derivado «banalizar» (dar a algo carácter banal), que coexiste con el lema «Trivial: 1. Vulgarizado, común y sabido de todos. 2. Que no sobresale de lo ordinario y común, que carece de toda importancia y novedad».

A pesar de todo, como cualquier traductor o corrector que se precie, tengo un circuito en el cerebro que me obliga a identificar y reprimir con diligencia cualquier intento de mis dedos de escribir la palabra «banal»: todo el mundo sabe que es un anglicismo y que lo que procede utilizar es «trivial». O un galicismo. ¡O lo que sea!

Tal es así que hace relativamente poco una editorial se ensañó con una página sobre la obra de Hannah Harendt, Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal en la que, para no desmarcarme del título de la única traducción existente en castellano, había utilizado varias veces la palabra prohibida. «Culpa tuya —me dije— tenías que haber puesto una nota para el corrector, es como agitar un trapo rojo delante del toro».

Tengo que decir que, para el amplísimo catálogo de temas que trata, Caro Baroja es una de mis referencias terminológicas desde siempre. Hace 20 años, cuando casi ni siquiera existían los libros de estilo, sus Estudios saharianos, en la primera edición de Júcar, me resolvieron todos los problemas imaginables sobre nombres de utensilios, costumbres y tribus norteafricanas, en español neto sin influencia alguna del francés, que ya es difícil. Da gusto encontrar autores con una percepción del sentido de las palabras tan aguda y tan conscientes de su propio lenguaje.

Por eso, en su honor, la próxima vez que me salga la palabrita, por lo menos le daré un par de vueltas a la cuestión antes de sustituir un término por otro automáticamente.

Recuerde ser sencillo, claro y correcto

by Alicia Martorell on 13/02/2013

LE CRIME DE L'HÔTEL SAINT-FLORENTIN - Jean-François PAROTOjalá pueda su lectura [la de la traducción al francés de Antoine Banier de las Metamorfosis de Ovidio] convencerle de que lo que resulta elegante en latín no lo es forzosamente en francés, que cada idioma tiene un tono, un orden y una idiosincrasia que le son específicos. Cuando tenga que traducir, recuerde ser sencillo, claro y correcto, con el fin de transmitir con exactitud el pensamiento de un autor, sin omitir nada de la delicadeza y la elegancia de su estilo. Todo está relacionado, efectivamente. Así como en la vida, si nos aferramos demasiado a la letra de los principios, acabamos siendo duros y sin corazón, en la traducción nuestro tono resultará seco y árido llegamos a imponer nuestras ideas en lugar de las del autor.

Jean-François Parot, Le crime de l’hôtel Saint-Florentin, París, 2005, 10-18 (la traducción es mía)